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domingo, 22 de octubre de 2017

Facebook, Twitter y Google: Al banquillo de los acusados



¿Alguien no está de acuerdo en declarar a 2017 como un annus horribilis? ¿Qué se puede platicar de este año? La respuesta incluye huracanes, inundaciones, terremotos, incendios forestales y una vez más preocuparnos de la posibilidad de una guerra nuclear. Ya quiero olvidar.

El año empezó con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos y desde entonces todo ha sido cuesta abajo. No solo hay que preocuparse de los desastres naturales sino que estamos presenciando el resurgimiento de ideas que se pensaban debidamente archivadas en el basurero de la historia, tales como proteccionismo, xenofobia, racismo y el desprecio total a la razón. Y este fenómeno es contagioso, ya que se está presentando en diferentes latitudes.

El orden liberal surgido después de la Segunda Guerra Mundial, y descendiente en línea directa de la Ilustración, se está desmoronando. Y este derrumbe está arrasando también con la tecno-utopía de un mundo conectado y descentralizado, asociado a las comunicaciones digitales e Internet.

Pero lo peor de 2017 es la creciente evidencia que si el mundo parece una distopía que excede las obras de Huxley, Dick, Ballard y Orwell, la tecnología digital las redes sociales, como Facebook y Twitter, y las plataformas como Google  son presuntos responsables, pasen pues al banquillo de los acusados

miércoles, 18 de enero de 2017

Un suspiro inútil por regresar a 1953

¿1953 fue un buen año? Todo parece indicar que sí, ya que estamos viviendo una tendencia mundial de regresar a esa época. En el Reino Unido una parte de su población ha elegido saltar hacia el pasado y regresar a una era idílica y bucólica, que pasa por  aislarse del mundo. 

Por otro lado Donald Trump está en búsqueda de una época industrial perdida  y está abandonando el rol de potencia dominante en pos de un aislacionismo absurdo. Todo esto pasa  mientras en los sótanos del Kremlin, Vladimir no puede contener las carcajadas, mientras acaricia un gato blanco y toma vodka frío con sorbos cortos. 

El celestial camarada Xi Jinping tiene una sonrisa socarrona y siente que su la meta de ser la mayor potencia mundial está muy cerca. Pero la realidad es terca y la transformación de la estructura económica continua su paso arrollador y transformador, creando situaciones inéditas. Una vez más, bienvenidos al fin del orden mundial.